TAXÍMETRO

Descripción

Aquella noche parecía norma, yo estaba en casa, preparando la cena. Tenía planes simples: poner la mesa, escuchar su risa al cruzar la puerta, pero él no volvió. Un mensaje bastó para romperlo todo.

“No llego hoy, cenaré fuera”, decía. Yo, inocente, respondía con un simple “ok”… sin imaginar que esa cena no incluía mantel, ni velas, ni restaurante, sino un taxi, un desconocido al volante y un freno de mano convertido en el punto de partida de su traición.

 

Me costó entenderlo. Al día siguiente volvió como si nada, pero algo en él había cambiado de manera evidente: su sonrisa ya no era la misma, su mirada esquivaba la mía y sus besos habían perdido el sabor que antes reconocía incluso con los ojos cerrados. En ese momento supe la verdad, aunque él no pronunciara una sola palabra.

 

Lo más doloroso no fue la infidelidad, sino la imagen que quedó grabada en mi memoria: él tomando ese taxi, cerrando la puerta sin mirar atrás, dejando mi cena servida y mi corazón en pausa. Esa escena se convirtió en un recordatorio silencioso de que esa noche no fue un adiós cualquiera, sino una traición con tarifa.

 

Mientras yo contaba los minutos para verlo, él contaba los kilómetros que lo acercaban a otros brazos.

 

Desde entonces los taxis dejaron de ser simples autos amarillos. Se transformaron en símbolos de lo inesperado, en testigos involuntarios del desamor que marcó mi historia.

 

Esa experiencia se convirtió en la razón por la cual escribí esta canción: para contar lo ocurrido, para liberar el dolor que cargaba y porque, en ocasiones, cantar duele menos que recordar en silencio.